La Bienal de París es una institución que pone en valor, explora, activa e inicia todo aquello que puede transformar el arte establecido y las nociones que lo definen. A través de sus valores, sus modos de funcionamiento y su espíritu, la Bienal ha forjado una identidad singular en la escena artística internacional.
Una bienal en tiempo real
La Bienal de París tiene lugar cada dos años, pero cada edición dura dos años, lo que la convierte en una bienal en tiempo real. Adopta esta relación con el tiempo para mantenerse permanentemente receptiva a las temporalidades de los artistas. De este modo, son los propios artistas quienes determinan las fechas en las que se desarrollan sus prácticas o proyectos.
Una edición engloba la dinámica que se desarrolla durante esos dos años. Cada nueva edición comienza al finalizar la anterior. La Bienal se concibe en el tiempo y las prácticas asociadas evolucionan a lo largo de sus sucesivas ediciones.
Una bienal en lugares reales
Los artistas invitados a la Bienal de París determinan ellos mismos los lugares y las modalidades de presentación de su trabajo. Es la Bienal la que se adapta y se desplaza allí donde se desarrollan los artistas y las prácticas artísticas que identifica.
Las actividades de los artistas dependen del contexto en el que han surgido. Separar una práctica artística de su contexto supondría desnaturalizarla. Por ello, la Bienal se desplaza allí donde ocurre el arte.
La Bienal busca establecer una relación de reciprocidad con las actividades que la constituyen, con el objetivo de cuestionar y transformar los contextos sociales, económicos, culturales, políticos e ideológicos.
Después de la exposición
La Bienal de París ya no es una exposición. Rompe con la idea convencional según la cual la exposición constituye la única modalidad de presentación de la actividad artística.
Los artistas con los que trabaja la Bienal determinan ellos mismos las modalidades de puesta en valor de sus acciones o proyectos, de acuerdo con la naturaleza de sus actividades. Las prácticas que la Bienal promueve generan sus propias modalidades de existencia.
Su condición institucional ya no se centra en la promoción de valores estéticos, sino en la experimentación de nuevas interacciones destinadas a hacer emerger otras finalidades del arte más allá de la obra de arte.
Una institución horizontal
La Bienal de París se construye horizontalmente. Participar en ella significa convertirse en socio y, como tal, disponer de un poder de decisión que influye en la estructura y en el espíritu de la Bienal.
En este sentido, los artistas pueden integrarse potencialmente en la propia estructura organizativa de la Bienal. Son ellos quienes deciden las condiciones en las que la Bienal presenta sus actividades.
Al convertirse en una institución modificable, la Bienal de París se ofrece como un marco de experimentación más amplio que el de un escaparate, un canal de difusión o un dispositivo de legitimación de las prácticas artísticas. Mediante este enfoque horizontal, la Bienal se afirma como una organización que aprende.
Una institución crítica
El arte no puede concebirse como un ámbito de consenso. Desde hace muchos años, el artista ha perdido su capacidad crítica en un sector del arte regido por centros de legitimación sobre los que ya no ejerce ninguna influencia.
La Bienal de París se constituye como una masa crítica formada por múltiples iniciativas que, sin ella, habrían desaparecido, permanecido aisladas o carecido de impacto.
Al reunir prácticas que escapan a cualquier categoría instituida y acoger iniciativas liberadas de las normas que rigen el arte, la Bienal de París se constituye como una institución crítica. Ofrece a los artistas un espacio de libertad indispensable para el ejercicio de su profesión.
Un público natural
Es la naturaleza de una práctica artística la que determina su relación con el exterior, su recepción y su público.
Las prácticas activadas o valorizadas por la Bienal de París son de una naturaleza distinta a la del arte visual. Su público es un público que, voluntariamente o por azar, interactúa con actividades que no siempre son percibidas como artísticas y de las que, en ocasiones, constituye un elemento determinante.
La estrategia del agua
Adoptar la estrategia del agua significa adaptarse al entorno. Es la propia situación la que conduce al resultado.
Esta estrategia es necesaria para negociar con diferentes situaciones y contextos, pero también para hacer valer un arte que escapa a cualquier clasificación.
Enfoques asimétricos
La Bienal de París favorece las prácticas vinculadas a la investigación y a la innovación artística. Estas prácticas trabajan con lo desconocido y permiten actuar en lugares insospechados, inesperados e incluso inadmisibles para el arte.
Adoptar enfoques asimétricos significa seguir nuevas direcciones para el arte.